Abigail y Marta

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Este es un pequeño sketch de 5 minutos para el DÍA DE LA INDEPENDENCIA en el que se representa el encuentro entre Abigail Adams y Marta Washington. La reunión y las palabras que dicen son ficticias pero la carta que Abigail lee es una carta real que le envió su marido, John Adams.

 

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Éste la escribió en el día que se votó la independencia de Gran Bretaña. La carta es larga y ocupa la mayor parte del sketch. No hay que memorizar mucho. Este sketch se encuentra también en la gran producción de “Fundadores de Libertad” y “Dios bendiga nuestra tierra”. Hay una versión más larga con más actores titulada: “Las patriotas: Abigail y Marta”.
2 Actrices. 5 Minutos.

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ABIGAIL Y MARTA

Escrito por Warren Sager
Traducido por Loida Somolinos

(Al comienzo de la escena entran dos mujeres vestidas con trajes coloniales. Una de ellas es Abigail Adams y la otra, su amiga Marta Washington. Se sientan y Abigail se acerca a por el té y le echa más en la taza de Marta.)

ABIGAIL: ¿Cómo le gusta el té, Sra. Washington?

MARTA: Está bien así… y por favor… llámeme Marta… Yo la llamaré Abigail. No necesitamos ser tan formales. Nos estamos haciendo amigas, ¿verdad?

ABIGAIL: Naturalmente, era de esperar, ya que nuestros maridos están trabajando para mejorar la situación aquí, en este lugar.

MARTA: Me imagino que el Sr. Adams estará muy ocupado con el Congreso Continental.

ABIGAIL: Se pasa horas y horas hablando con esos hombres. Me pregunto si habrán avanzado algo… Y mientras tanto, el General Washington está allí afuera luchando y arriesgando su vida todos los días.

MARTA: Bueno, yo creo que él se siente más a gusto así. George es más bien un hombre de pocas palabras y no encajaría del todo en ese grupo de eruditos.

ABIGAIL: Tener educación no siempre es un requisito para la grandeza. Su marido es un gran líder y además, es muy popular entre la gente. Usted me parece una esposa muy consciente de sus deberes, una persona sencilla que sabe ganarse el cariño y la estima.

MARTA: ¿Yo? ¡Qué palabras tan gentiles! No estoy a la altura de ellas.

ABIGAIL: Tenemos mucho en común, querida. Nuestros maridos están lejos de casa por largos periodos. Y durante ese tiempo, la mayor prioridad de mi vida es escribir cartas.

MARTA: Y, ¿ha tenido noticias del Sr. Adams últimamente?

ABIGAIL: Estoy tan contenta de que usted esté aquí hoy, porque la última carta que he recibido describe eventos que parecen ser trascendentales e impresionantes… eventos que pueden cambiar el curso de la historia.

MARTA: ¡Oh! ¡Espero que finalmente todas esas charlas hayan terminado en una buena decisión!

ABIGAIL: Tengo la carta aquí mismo. ¿Le gustaría escucharla? Estaré encantada de leérsela. (Lee la carta que saca de su vestido o del escritorio)

“Querida Abigail, ayer, se decidió la gran cuestión, asunto noble cual nunca se ha debatido, ni nunca se ha decidido antes entre los hombres. Se aprobó una resolución sin que ninguna colonia se opusiera en contra: “Que estas Colonias Unidas sean, y deban serlo por derecho, Estados Libres e Independientes; y que, como Estados Libres o Independientes, tengan pleno poder para hacer la guerra, acordar la paz, concertar alianzas, establecer el comercio y efectuar los actos y providencias a que tienen derecho los Estados independientes”. Verás en los próximos días el escenario de la Declaración que establece las causas que nos han impulsado a esta revolución y los poderosos motivos que la justifican a los ojos de Dios y del hombre. Se tomará un plan de confederación en los próximos días. Cuando miro atrás y recuerdo la serie de acontecimientos políticos, la cadena de causas y efectos me sorprende la rapidez, así como la grandeza de esta revolución.   Gran Bretaña ha estado repleta de Locura y América de Sabiduría; esto es lo que pienso.  El tiempo lo determinará.  Es la voluntad del Cielo que los dos países se separen para siempre.  Puede que sea la voluntad de los Cielos que los Estados Unidos sufran calamidades y angustias aún más terribles. Si éste ha de ser el caso, por lo menos tendrá buen efecto. Nos inspirará con muchas virtudes que no tenemos, y corregirá muchos errores, locuras y vicios  que amenazan con perturbarnos, deshonrarnos y destruirnos. El horno de aflicción produce perfeccionamiento, tanto en los estados como en los individuos…

MARTA: ¡Qué hermosas palabras con tanto contenido! ¡Estoy deseando saber más de esta declaración!

ABIGAIL: Escribió más. Querida Abigail, te escribo de nuevo en el mismo día. El dos de julio de 1776 el día en que la Declaración se ha aprobado será la época más memorable de la historia de América. Pero el día ya ha pasado. Creo que este día será celebrado por las generaciones venideras, como la gran fiesta de aniversario.  Tiene que ser conmemorado como el día de la liberación, por solemnes actos de devoción a Dios Todopoderoso. Tiene que ser solemnizado con popa y desfiles, con espectáculos, juegos, deportes, rifles, campanas, hogueras, e iluminación desde un punto de este continente al otro, desde ahora y para siempre. Tú me imaginarás transportado de entusiasmo, pero no es así, soy muy consciente del trabajo duro, y de la sangre y del tesoro que nos costará mantener esta declaración, y el apoyo y la defensa de esos estados. Sin embargo, a través de la penumbra, puedo ver los deslumbrantes rayos de luz y gloria. Puedo ver que el fin vale más que todos medios; merece la pena más que todos los fines. Te echo en falta muchísimo. Tu querido, John Adams.

MARTA: Gracias por compartir esa carta conmigo. ¡Qué tiempo el que estamos viviendo! La lucha continuará y seguramente no terminará en breve mientras aún declaremos la independencia de Gran Bretaña. Usted y yo, Abigail debemos estar al lado de nuestros maridos y apoyarlos con todo nuestro amor y con nuestras oraciones por el incierto futuro que está delante de nosotras. Estoy segura de que esta amistad entre nosotras acaba de empezar. Gracias por el té.

ABIGAIL. De nada.

(Las luces se apagan, fin de la escena.)

FIN

Copyright 2005 Warren Sager

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